Había una vez un pajarillo muy travieso, que vivía con la única preocupación de pasarlo bien y de gastar bromas, una tras otra, a todo el que se ponía por delante. Se había construido un nido en un roble muy alto, cercano a un bosque de pinos y a una fértil huerta donde fácilmente podía encontrar comida todos los días. Vivía solo, pues, joven como era, no quería crearse obligaciones que le impidieran vivir como él quería...