Un lugar exótico y un tiempo indeterminado pueden servir de excusa para hacer una condena razonada de "El trasvase del Ebro", y son un adecuado escenario para dos historias que se entrecruzan y que, en definitiva, condenan con crudeza el lado tiránico del poder. Tanto el autor como los protagonistas tienen claras sus metas; la diferencia está en la forma de ver el mundo y, sobre todo, de tratar la naturaleza: se puede estar con ella o contra ella; no hay posturas intermedias.
¿Cuál es la tuya, lector?