Probablemente es la guerra de nuestros antepasados que se recuerda con más paradójico cariño, por el romanticismo que despierta una derrota, un lugar lejano, unos mares límpidos, unas excitantes mulatas y un famélico y literario repatriamiento, que posteriormente alumbraría a la generación de intelectuales del 98.
A Cuba, tierra de promisión, sueño grande antillano, América siempre rediviva en los cafés y mentideros, en los volátiles humos de los cigarros, se le precipitó su anhelada independencia con otras mentiras, con oscuros intereses. Una metáfora también de la indignidad de terratenientes y caciques, rabiosos por no poder hacer suya la Isla Bonita.
Nuestro protagonista traza una línea a la que asirse entre su Aragón natal, Galicia y Cuba. En este camino de ida y vuelta, herido, va perdiendo esperanzas, ganando en madurez y entereza.
Un libro que te hará viajar a tu interior para descubrir el lugar donde se colonizaron las esperanzas, el mundo que se perdió.