Con este volumen, que sigue a Médanos de oro, se cierra la trilogía de recuerdos del autor. Narra aquí las “primeras armas” por las que hubo de pasar en los diversos aspectos de la vida. Es decir, consisten, a tenor de lo que María Moliner define en su diccionario, de “iniciarse o dar los primeros pasos en algo que requiere práctica y habilidad”. Dejando aparte eso de la práctica y la habilidad, se trata de echar una mirada a cómo se empezó a marchar por los diversos caminos que jalonan la existencia.
Lo primero de todo y en todo: en el amor, el contacto con la muerte –cosa fácil, teniendo en cuenta que el autor fue niño en el Madrid sitiado de la guerra civil-, la entrada en el Instituto de San Isidro, la posterior en la vieja Universidad Central madrileña, los pinitos iniciales y tímidos en la literatura, todos ilusionados. El servicio militar, cuyo comienzo da lugar a alguna sabrosa anécdota. El aprendizaje gozoso del ajedrez, antecedente lejano de su actividad periodística como “Fianchetto”. La primera visión del mar, siendo ya muchacho. Los iniciales trabajos variopintos, de profesor de gimnasia a escrutador de boletos de quinielas.
Asimismo, los principios en la redacción del diario “Ya” de Madrid. Para, al fin, su contacto inicial con el periodismo zaragozano, en la ciudad soñada y querida a través, sobre todo, de los relatos de su madre. El paso por “Amenecer” hecho anécdota quizás no cierta pero sí escuchada. El acceso casi final al “Heraldo de Aragón”. Los premios, es decir, el primero de ellos. Y, como colofón, en un capítulo dotado de énfasis y de emoción, la llegada de la libertad al acudir por vez primera a las urnas.
“Pequeños milagros –reza la sobrecubierta del libro- como peldaños de una escala no siempre prodigiosa, a veces cercada de abismos, pero tendida por encima de un paisaje de esperanza”. Porque, pese a que “las armas, de llegar, de ahora en adelante, mucho es de temer que no sean primeras sino últimas” el autor se manifiesta al final del volumen, “satisfecho, en definitiva, de haber vivido en este tiempo que me tocó en la rifa, porque no todo tiempo pasado fue mejor”.