Sixto Agudo se ha forjado una vida de compromiso político y lucha por las libertades. Sindicalista, soldado, resistente, exiliado, preso, dirigente comunista, alcalde y diputado, esta vez revive sus años de formación ideológica durante la última República y la legítima defensa que de ella hizo con las armas. Participó, al abrigo del Frente Popular, en la unificación de las Juventudes Socialistas y Comunistas, histórica unidad de la izquierda que apenas si ha tenido continuidad, mientras el curso de los acontecimientos le iba acercando progresivamente al PCE.
Comandante de brigada con 21 años (los mayores de entre sus voluntarios no sobrepasaban los 17), intervino en episodios decisivos de la guerra civil: el sitio al Alcázar toledano, las batallas del Jarama y Guadalajara, el frente de Madrid, el frente de Teruel en lo más crudo de la Batalla del Ebro, la pérdida de Cataluña como preludio de la derrota final... Además de aportar información de primera mano sobre el desarrollo de las operaciones bélicas, reflexiona sobre las causas de la victoria fascista y la desomposición del sueño republicano: errores estratégicos, el desfavorable contexto internacional, la desproporción de fuerzas en juego y, finalmente, el golpe de Casado que arruinó los esfuerzos de la resistencia del Gobierno Negrín.
Como explica en su introducción Mercedes Yusta, especialista en la historia del maquis, afortunadamente "la memoria del republicanismo y el antifranquismo está dejando de ser una asignatura pendiente" y el memorialismo, tan caro a la tradición comunista, se erige en ethos colectivo frente a la "verdad" impuesta.
Primera parte de su autobiografía, aunque la última en conocer la imprenta, Sixto Agudo la dedica a "los derrotados civiles, militares o guerrilleros, hombres y mujeres, que legaron un hermoso ejemplo de entusiasmo, de coraje y de sacrificio en defensa de la democracia".